sábado, 29 de agosto de 2009

Recuerdos


Aquella noche, al contrario que todas las anteriores, hacía calor. Tras la cena, mis padres se sentaron en el pequeño sofá a leer el libro... aquel libro que no me estaba permitido tocar y el que, en el caso de que lo hubiera cogido, me habría aplastado como si fuera un diminuto insecto.
Sin nada mas que hacer, decidi salir fuera a jugar con los cariñosos gatos que a veces rondaban alrededor de nuestra casa. La luna llena iluminaba debilmente nuestro florido jardin donde los grillos cantaban mientras pequeños murcielagos volaban sobre mi cabeza. Busqué a los gatos por todas partes. Sabía que debian estar allí, los había oido maullar poco antes de comenzar a cenar. Pero ya no estaban en mi jardín. Resignada, me senté junto al estanque y comencé a dibujar en el barro mientras tatareaba una pegadiza canción que nos habian enseñado hacía poco en la escuela.
Unos minutos despues, lo sentí. Una sensación extraña, que no había sentido nunca y que dudo que algun día vuelva a sentir. Sentí tristeza, frío, miedo, confusión y temor por lo que podría estar sucediendo. Y en ese momento, sin ninguna razón, ví los rostros de mis padres en mi mente. Desconcertada y asustada, me dirijí rapidamente hacia nuestra modesta casa, habrí la puerta trasera y entré en la cocina.
Una misteriosa atmosfera asfixiante inundaba la habitación. Me paré en seco. Nunca había sentido un temor como ese. Ansiosa de saber que estaba sucediendo realmente, comencé a andar silenciosamente hacia el salón. La imagen que ví entonces es la unica escena de mi vida que se que jamas podre olvidar por mucho que me esfuerce.
Mis padres, sentados en el sofá, se abrazaban fuertemente como si nada ni nadie pudiera separarles. Bajo sus ojos cerrados podían distinguirse pequeñas lagrimas brillantes que daban a sus pálidos rostos un aire de melancolía estremecedor. El libro había desaparecido.
Todavía no podía creer lo que estaba sucediendo cuando la puerta se abrío de repente. La aparición de aquella persona hizo aumentar todavía más mi desconcierto. La pequeña anciana que entró por la puerta principal no era otra que una de las mejores amigas de mi madre, y aunque en realidad no petenecia a mi familia, yo había comenzado a llamarle abuela varios años atrás.
Su expresión inicial fué de profundo terror. Despues, dirijió hacia mi su mirada. En sus ojos pude distinguir un claro sentimiento de alivio. Se avalanzó sobre mi con un rapido movimiento y me abrazó con fuerza. Aunque se mantuvo en silencio en todo momento, pude sentir sobre mi hombro sus frías lagrimas.
Lo unico que recuerdo a continuación es que no volví a ver a mis padres y que, tras recoger mis cosas, me mudé a casa de aquella amable anciana que me había encontrado sola y aterrada en el salón de mi casa, observando los cuerpos sin vida de mis padres. Pero, aunque no volví a pisar el suelo de la casa en años, sentí en todo momento que sus espíritus seguían junto a mí, y, con ellos, otra fuerza mayor que no había llegado a sentir hasta aquella terrible noche de verano.*
Evelyn

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