Antes de nada tengo que decir que este es un personaje cuya ficha no he colgado todavía y que no he podido encarnar aún en una muñeca, pero ya que le he escrito me apetece colgarlo :)
Desde que tengo uso de la razón, no recuerdo haber podido sentir jamás hasta aquel momento. No sentía frío, ni miedo, ni confusión. No me sentía sola ni abandonada, no me sentía perdida. Ahora, en cambio, sé que puedo sentir…
El primer recuerdo que tengo de mi infancia son las interminables noches de invierno en las callejuelas de los pueblo de Dyärene. Noches en las que, como ya he dicho antes, no sentía nada. Simplemente esperaba, esperaba con los ojos abiertos a que todo acabase, a que aquél silencio y aquella oscuridad llegaran a su fin. Apenas dormía, casi no comía, y mis ropas eran escasas, a pesar de que más de una vez los campesinos que habitaban las casas de aquellos pueblos me habían ofrecido tanto comida como mantas, conmovidos por mi horrible condición. Pero yo siempre lo rechazaba todo, ya que sabía de alguna forma, que yo no lo necesitaba. Mi pelo crecía, yo adelgazaba, y continuaba mi solitario camino hacia ninguna parte.
Pero todo cambió un día. No podría decir donde me encontraba, ni la edad que tenía, pero seguramente rondaba los doce años cuando lo encontré. Era un día cualquiera, de otoño para ser más exactos. Yo caminaba descalza por un pueblo más, idéntico a muchos otros por los que había pasado, cuando de repente tropecé con algo y caí sobre las hojas secas que se habían amontonado alrededor de un viejo árbol seco.
Me levanté lentamente, indiferente. Total, solo sería una rozadura más para poder completar la inmensa colección de cicatrices que tenía por todo mi cuerpo. Sin tener nada mejor que hacer, comencé a buscar sin demasiado entusiasmo entre las hojas del suelo lo que pudiera haber causado mi caída. Y lo que descubrí entonces fue algo que no había visto en mi vida, y sin el cual no cabe duda de que no habría sido la misma.
Bajo las hojas rojizas de los arboles de la plaza, había un harpa. Por entonces, no sabía cómo se llamaba, ni lo que era, ni para que servía. Pero si sabía que era algo mágico. Todo en ella me fascinó.
Y fue entonces cuando, al fin, sentí algo. En ese preciso instante en el que toqué sus cuerdas y acaricié la superficie del instrumento. Y cuando, un tiempo más tarde, vi una segunda harpa, pero esta vez siendo tocada por otra persona. Mientras el músico tocaba en la plaza de una pequeña aldea, yo escuchaba atenta, en silencio. Aquella música fue lo que me sacó de aquel trance en el que había vivido desde siempre.
Y desde aquel momento, comencé a practicar. Al principio no lograba comprender el funcionamiento del objeto, pero, poco a poco, fui lográndolo. Y los momentos en los que tocaba podía sentirlos llenos de magia. Las notas me envolvían, y notaba cómo formaban una barrera protectora que me separaba del resto del mundo, aislándome de él en una burbuja, en la cual yo, después de muchos años, me sentía feliz.
A partir de entonces vi otras harpas a mi alrededor, maravillosos instrumentos que eran tocados por músicos expertos, y cuyo sonido era mil veces más bello que el que yo conseguía obtener. Pero no tardé en darme cuenta de que mi harpa no era como los demás.
Tal vez ellos tocaran mejor, y sus melodías fuesen más bonitas, pero ninguno de ellos podía igualar la sensación de bienestar que causaba la mía, ni sus composiciones llegaban a ser tan envolventes como las que yo creaba inconscientemente, a veces, incluso podía sentir que la misma harpa y la magia que producía me indicaban cual era la forma correcta de tocar.
Y fue así como yo seguí mi vida, pero desde entonces, con una nueva compañera de viaje, mi harpa. Tocaba en todo momento, mientras erraba a través del reino. No pasó mucho tiempo antes de que mi música comenzara a atraer a los habitantes de los lugares por los que pasaba, que me daban algunas monedas a cambio de que tocara el maravilloso instrumento. Y esa fue la que se convirtió en mi nueva vida.
Y todo siguió igual, hasta que descubrí todo lo que mi harpa y yo podíamos hacer realmente…
Layra
viernes, 9 de octubre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)




0 comentarios:
Publicar un comentario